11/08/2009, Autor: Ferran González
(Este relato está basado en una historia real ocurrida en España en nuestros tiempos.)
Cesar Amaretto era un soltero de padres italianos muertos hacía años de salmonela, que justo después de perder su ridículo trabajo de socorrista en una piscina de pelotas, se convirtió en el hombre mas famoso del mundo de la cultura española en general.
Cesar Amaretto se despertó como de costumbre a las siete de la mañana, se duchó y desayunó como de costumbre y se puso el bañador rojo y el polo blanco de socorrista como de costumbre. Pero antes de salir de casa a eso de las ocho menos cuarto como de costumbre se miró en el espejo del recibidor y se acordó de que le habían despedido el día anterior. Un frío extraño le recorrió el cuerpo, luego un sentimiento de desgracia total le invadió la mente, luego se le escapó un pedo y un poco mas tarde yacía en el sofá mojando de lágrimas el bañador rojo de socorrista de piscina de pelotas. Cesar era socorrista en aquella piscina desde hacía ya más de veinte años y había creado una rutina que él consideraba maravillosa y que ahora veía truncada con un despido con el que él no estaba nada de acuerdo. Le acusaron de no haber socorrido correctamente a un abuelo que murió asfixiado por las pelotas cuando intentaba salvar al padre de una niña que murió asfixiado por las pelotas al querer salvar a su hija que murió asfixiada por las pelotas. César Amaretto alegó en su defensa que en esa piscina ya no cabía nadie mas y que los dejó morir en defensa propia.
Cesar Amaretto no sabía estar sin trabajar así que compró un periódico y buscó entre las ofertas laborales una que le llamara la atención. Y la encontró. En un pequeño recuadro y con letras mayúsculas ponía bien claro: SI QUIERES GANAR DINERO FACIL Y RAPIDO, UNETE A NOSOTROS. HAzTE COBRADOR DE LA SGAE. Cesar no lo dudó. Al día siguiente Amaretto estaba en el Paseo de Colón delante de sede de la Sgae en Barcelona para informarse sobre ese prometedor trabajo. Una señora con gafas de diseño le atendió en seguida:
- Esto es muy fácil señor Vaporetto.
- Amaretto.
- Ahora no gracias.
- No, que me llamo Amaretto. César Amaretto.
- De acuerdo señor Amaretto... Nuestro trabajo aquí es cobrar a todas aquellas personas que escriban, lean, escuchen, canten o reciten algo que no hayan creado ellos. Es decir, todo. Le pondré unos ejemplos: Si usted decide representar una obra de teatro de Antonio Gala...
- No creo que lo haga nunca.
- Ya, pero hay gente que sí.
-¿En serio?
- Vale, de acuerdo, le pongo otro ejemplo... Supongamos que usted quiere hacer un concierto cantando las canciones de Serrat. Bueno, pues tendrá que pagar por cada canción que interprete porqué obviamente no son suyas.
- Lo entiendo. Y ustedes entonces le dan el dinero a Serrat.
- Solo una parte de él.
- ¿A una parte de Serrat?
- Una parte del dinero. No se lo damos todo.
- ¿Y eso? ¿Es que Serrat componía en equipo? ¿Quién se queda el dinero restante?
- La Sgae.
- ¿Y eso?
- Pues porqué... porqué la Sgae es la que reclama ese dinero.
- ¿Y cobra por reclamar lo que es justo?
- Sí... Porqué si no lo reclamamos nosotros no lo reclama nadie.
- ¿El gobierno no tiene un organismo que recauda los derechos de autor y los da al autor?
- Emmmm... No.
- ¿Y eso?
- Pues porqué el gobierno no hace eso. Eso lo hace la Sgae, ¿vale?.
- No lo entiendo.
- Es igual. El tema es que nosotros cobramos por todo. Y como más agentes seamos, a más sitios llegaremos y más cosas cobraremos. Le pongo otro ejemplo señor Anacleto...
- Amaretto.
- No, ahora no gracias.
- Me llamo Amaretto.
- Vale, pues imagínese que es el cumpleaños de su hijo y cuando traen la tarta a la mesa empiezan todos a cantar el Cumpleaños Feliz.
- Si.
- ¿Es usted el compositor del Cumpleaños Feliz?
- Pues no.
- Pues le cobramos.
- ¿Pero quién es el compositor del Cumpleaños Feliz?
- No lo sabemos.
- ¿Entonces quién se lleva el dinero?
- La Sgae.
- ¿La Sgae?
- Claro, si el compositor quiere cobrar que se identifique. Si no registra sus temas...
- ¿Y si está muerto?
- Pues no haberse muerto.
- Pero el Cumpleaños Feliz se ha cantado toda la vida.
- De manera ilegal. Ahora se está haciendo justicia...
- Esto es muy raro... ¿Me podría dar otro ejemplo?
- Por supuesto. Mire, imaginemos que usted va a una biblioteca y decide escoger un libro que no haya escrito usted, como por ejemplo... Don Quijote de la Mancha. Pues tendrá que pagar para leerlo.
- ¿Pero la biblioteca ha comprado el libro, no?
- Sí.
- ¿Y si lo ha comprado es suyo, no?
-Sí. ¿Pero quién lo lee, la biblioteca o usted?
- Pues yo...
- ¿Y usted ha pagado algo?
- Pues no.
- Pues a pagar y punto.
- Oiga, ¿y esto es legal?
- Ya le digo.
- Que maravilla... Quiero ser cobrador de la Sgae, sí señor.
Y al poco tiempo Cesar Amaretto ya era uno de los cobradores mas infalibles que había reclutado la Sgae. Asistía a bodas y cobraba en la ceremonia, en el convite y en la fiesta posterior, cobraba hasta a los borrachos que al final de la noche tarareaban "Clavelitos" entre papilla y papilla. Era fan de los bautizos y disfrutaba tope con los entierros religiosos en los que se contrataba algún coro o una pareja de violinistas. Cobraba por cada cd y cinta de vídeo virgen que se compraba "por si acaso" ya que la Sgae no tiene la certeza del fin de su uso... Cobraba por todo. Lo que más le gustaba eran los eventos benéficos. Y como más grave fuese la causa mejor, mayor multa. Y si tenía la suerte de que los intérpretes de dicha benéfica e ilegal representación fueran enfermos de síndrome de down aún cobraba con más gusto. Por interpretar algo que no era suyo y encima mal.
Cuando ya se aburría de su cobra que cobrarás tuvo una idea que revolucionó toda la organización terrorista Sgae: Se dedicó a registrar todo lo que no estaba registrado para no sólo cobrarlo como cobrador de la Sgae, sino para quedarse el dinero como autor. Que gran idea... Empezó registrando faltas de ortografía y palabras habitualmente mal escritas en pizarras de menú como "cocretas" y "almóndigas" y terminó cobrando por Andalucía todas las palabras que el acento hacía variar como: "Pué eso" y "Mi arma"... Y así hasta un sinfín de motes, canciones y escritos aún no registrados en el mundo.
Cesar Amaretto era un agente de primera, un número uno, y eso la Sgae no lo obvió, sino que lo convirtieron en el Superagente Especial de la Sgae, un agente ultrasecreto y ultratocahuevos que se dedicaría de ahora en adelante a las misiones más secretas, más difíciles y más vergonzosas de la historia de la Sociedad General de Autores y Editores. ¿Cuáles serían las próximas misiones del Supercobrador de la Sgae? ¿Qué peligros le esperaban en sus nuevas hazañas? ¿A quién dejaría pelao el nuevo superhéroe recaudador?
F.G