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Ferran González

Ferran González 

Autor y actor en pausa dramática.
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1.- LA INCREIBLE HISTORIA DEL CALAMAR JOAQUÍN Y LOS TEATROS DE MARCA

03/06/2009

Hace un par de años que no se le vé, pero todos los que como yo solíamos pasear a menudo por Lavapiés por eso de las ocho de la tarde, lo conocimos e incluso alguna vez hablamos con él. Yo soy un hombre mayor, de los de bastón y boina. Y sujetador, pero eso es algo mío y  además no viene a cuento. Además tengo una enfermedad de esas raras, narcolépsia. Me duermo. Me duermo por todas partes y cada vez mas a menudo. He tardado tres horas y cuarto en escribir hasta aquí.

La historia que les quiero contar trata de un cefalópodo llamado Joaquín que compró y perdió un teatro en menos de lo que canta un gallo. Siempre que el gallo cante algo cortito. Como un anuncio de radio o algún tema tradicional como el cumpleaños feliz. Pero nunca nada de Carles Santos... En cualquier caso, lo importante a destacar por encima de todo es que el Sr. Joaquín era un calamar. Si logran imaginar a un calamar de metro cincuenta y dos de altura, con ojos grandes y acento marino, tendrán la imagen del Sr. Joaquín. Era un calamar tal cual. No iba vestido, ni tenía una cara simpática como de peluche infantil, no. El Sr. Joaquín era un calamar, tal cual. Un asco vamos. Un calamar gigante con nombre paseando por Lavapiés. Increíble pero cierto. Y asqueroso, para que nos vamos a engañar.

El Sr. Joaquín había sabido aprovechar cada momento de su vida y se había enriquecido enormemente gracias a sus múltiples negocios. Cuando los bienes inmuebles eran una buena inversión, su olfato de calamar le llevó a comprar  gran parte de los edificios mas antiguos del barrio de Chueca. Cuando los homosexuales pasaron de ser  peluqueros y modistas a estilistas y diseñadores, convirtió muchos de sus locales en bares de ambiente y en negocios distintos con un arco iris en la puerta. Y cuando las nuevas tendencias hicieron que aquellos se volvieran a convertir en peluqueros y modistas, les vendió todos los pisos antes de que llegara la crisis. Eran otros tiempos. Una época dorada para los negocios. Y para el arte. Tiempos en que había trabajo para todo el mundo, para los cantantes, para los actores, e incluso para los bailarines. Bueno, no, esto último no.

Un día cualquiera, sin previo aviso, se inició una moda entre empresarios que nunca antes se había visto en nuestro país: Comprarse un teatro. Las calles de Madrid se llenaron de empresarios, de hombres de negocios sin rostro, solo con nombre y sede provisional, en busca de un teatro para adquirir. Muchos lo hacían a escondidas. Bajaban a por tabaco y volvían con un Marlboro y las escrituras del Calderón. Otros lo hacían sin vergüenza, y aprovechaban los congresos de su marca para repartir folletos de su próximo espectáculo. Aun recuerdo al presidente de una importante marca de yogures gritando: - ¡Nuestro yogur de macedonia es  número uno en ventas! ¡Con nuestro esfuerzo vamos a seguir siendo líderes! Y ahora griten conmigo: ¡Viva Paloma San Basilio!- Y ellos lo hacían.

El Sr. Joaquín no quiso ser menos y compró un pequeño teatro cerca de Gran Vía. Antes de que la Gran Vía se convirtiera en el Broadway de Madrid. Y antes de que la Gran Vía se convirtiera en propiedad de Stage. Y antes de que la Gran Vía se convirtiera en propiedad de Nacho Cano. Y antes de que echaran a Nacho Cano de la Gran Vía y se convirtiera en propiedad del VIPS.

Fueron tiempos dorados para el Sr. Joaquín, todos sus espectáculos eran un éxito. Y también eran tiempos dorados para las compañías de teatro que, y les juro que esto es verdad aunque sea imposible de creer, enviaban un simple dossier de su espectáculo, y los programaban. Ahora les piden siempre un vídeo del espectáculo y yo me pregunto: ¿Si tienen un vídeo del espectáculo, no será que ya lo han hecho? Y entonces, ¿Para qué necesitarán un teatro?  En fin, yo no soy actor, ni productor, ni programador, ni empresario y no tengo respuesta a eso. Yo solo soy un abuelo que se duerme a menudo por los rincones. Así que no soy ni espectador de teatro. La ultima vez que asistí a un espectáculo, fui con collarín. Para que no se notara que me caía la cabeza cada tres minutos. Estaba viendo "Los Productores" de Mel Brooks. Pero la cabeza me caía igual, y al final me ahogué y tuvieron que llevarme en una ambulancia. Justo cuando Santiago Segura cantaba su... bueno, recitaba su... Bueno, tampoco lo recuerdo.

De repente, un pequeño aroma de crisis empezó a enmascarar Madrid, y ante el miedo, el Sr. Joaquín organizó una especie de forum para encontrar soluciones. Fueron invitados todos los propietarios de teatros y de cines en los que se hacía teatro, y de bares en los que se hacía teatro, y de teatros en los que se había dejado de hacer teatro y ya sólo se hacían monólogos.com. A muchos, que un calamar de metro cincuenta y dos les diera la bienvenida, les pareció una broma de mal gusto. Además, para la ocasión, el Sr. Joaquín se había puesto bombín y zapatos de claqué. Muchos se fueron. Otros se quedaron, no sin antes propagarle alguna que otra paliza al calamar, por haber hecho llorar a sus mujeres. Otros simplemente vomitaron.

De allí salieron muchas posibles soluciones: Grabar a los músicos y representar el espectáculo sin música en directo (aunque después de una segunda ronda de votaciones se decidió seguir con músicos pero no pagarles), grabar a los actores (aunque después de una segunda ronda de votaciones se decidió seguir con actores pero no pagarles)... Pero al final se optó por dos soluciones muy claras: 1.- A partir de este momento, los empresarios programarían en sus teatros sus propios espectáculos. Y 2.- Los teatros serían vendidos a marcas, patentes y franquicias lo mas alejadas al mundo del espectáculo pero lo mas cercanas al pueblo. Aunque después de una segunda ronda de votaciones se volvió a aprobar todo lo anterior, mas lo de no pagar ni a músicos ni a actores.

Y así la ciudad se llenó de marquesinas brillantes donde se podía leer: Gran Teatro Evax, Teatro Gelocatil, Sala Sol-manía, Sala Triángulo-De Bimbo con Nocilla... Y poco a poco todo se iba desvirtuando hasta llegar a leer titulares como: -Memorable estreno de "Marco Aldany, el musical" en el teatro Campofrío. La gente aplaudió diez minutos en pié y lanzó lonchas de chorizo a la compañía.-

El Sr. Joaquín aun no había decidido a quién traspasarle el teatro y el tiempo se le echaba encima. Había recibido algunas ofertas. Punto Roma y Fincas Corral estaban bastante interesadas pero el empresario cefalópodo quería un nombre mas serio para su edificio. Y además la marquesina de éste era tan pequeña que no le cabía un nombre tan extenso. Así que pensó: - Evitar la venta de mi teatro, es tan fácil como programar un espectáculo que no se pueda ver en ningún otro sitio. Así el teatro se llenará, yo me enriqueceré y no tendré ni que vender ni que cerrar.

Estuvo horas pensando en el espectáculo ideal. Al final, después de descartar varios solos de danza contemporánea, algún espectáculo de clown  y un musical de Stage basado en la vida de Julia Möller (que curiosamente ella no interpretaba porqué no daba el perfil)  encontró lo que buscaba. Algo que ningún otro teatro ofrecía a sus espectadores: Una versión libre de Hamlet interpretado con sombras chinescas y con música de Juanes.

El estreno se llenó de caras conocidas del mundo del espectáculo de hacía treinta años y de nuevas promesas que habían sido formadas en su mayoría en algún plató de Telecinco. Iban pasando todos por un improvisado photocall y se fotografiaban con el emocionado calamar. Todos los que no estaban vomitando, claro. Cuando todo el mundo estuvo ya en su asiento, el Sr. Joaquín subió al escenario y dedicó un pequeño discurso a la audiencia: - Amigos, son tiempos difíciles para el teatro, pero aquí estamos, al pié del cañón, intentando salir adelante. Estoy muy emocionado de ver mi teatro lleno de amigos y compañeros de trabajo...- Y creo que fue en este momento en que alguien arrancó una butaca y se la tiró a la cabeza. El cefalópodo, que esta vez llevaba nariz de plástico y pendientes de perla, entendió que era momento de dar comienzo al espectáculo. 

Fue un desastre. Todo el mundo aguantó hasta el final pero llegado este punto, no aplaudió nadie. Simplemente se levantaron y se echaron a correr. El Sr. Joaquín no supo ver que si ningún teatro ofrecía algo así, era porqué nadie quería verlo. El día siguiente al estreno las críticas fueron duras:

-"No se ha visto nada tan malo desde que mi madre hizo marmitako" (La Razón)                            

- "La actriz principal era manca y nos costó dos horas entender que aquel muñón era un perro y no una piedra" (ABC)    

 -"Fui a verlo pero no encontré el teatro" (El Periódico)   

El Sr. Joaquín intentó solucionarlo de todos los modos que se le ocurrían en aquel pedazo de cerebro de calamar gigante. Probó de cambiar el reparto y llenar el escenario de exconcursantes de O.T, de exconcursantes de Gran Hermano, de exconcursantes de Supervivientes, de Factor X, de Tienes Talento, de Tu si que Vales, de Supermodelos, incluso de actores que hubiesen ganado algún premio MAX o un GOYA. Pero ni con esas. De hecho con esta última opción fue con la que menos llenó.

Y al final pasó lo inevitable. Tuvo que vender. Y no solo el teatro. También su casa, su coche adaptado para calamares, sus acciones del parque Warner (aunque ya no valían nada)... Pero no sacó ni lo suficiente para pagarse un alquiler durante quince días. Así que se dedico a pasear por Lavapiés, contando su historia a los abuelos que como yo solíamos pasear a menudo por allí por eso de las ocho de la tarde en busca de alguna obra, o de alguna oferta del Carrefour. Por cierto, ¿Sabían que Carrefour movil solo tiene cobertura dentro del supermercado? No, es broma. Se puede llegar a Tirso sin problemas.

Y del Sr. Joaquín, de aquel calamar asqueroso, se dejó de saber un día cualquiera y sin ninguna explicación. Aunque yo si tengo una, o bueno, una ligera sospecha. Que le pregunten al restaurante libanés de la calle Olivar a ver por qué tubo una oferta de calamares a la romana durante tres meses y medio... Y aunque quizá esto no sea una prueba concluyente, a mi lo que me da mala espina es que en la puerta de entrada, sustituyeran las típicas campanillas por dos zapatos de claqué...

F.G

 

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3 Comentarios


PaloOo, 07/06/2009 19:39:14
JAJAJAJAJAJA.... que risa por favor!! jajajaja qué bien leer cosas así :D
linia otsailazuria, 03/06/2009 21:30:47
jajaja me ha encantado!! Gracias por abrir este rinconcito para que podamos conocer otras facetas de estos profesionales
linia roxie, 03/06/2009 20:55:42
Muy buena la historia! Me ha gustado mucho! Por cierto.. tengo muchas ganas de saber más cosas de PEGADOS!!
linia

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